Cuando el Teatro recuperó el Circo... - X Festival Internacional de Circo de Albacete

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Cuando el Teatro recuperó el Circo...

Javier López-Galiacho Perona
Presidente de Amigos de los Teatros Históricos de España (AMIThE)
Jurado del Festival Internacional de Circo de Albacete

Las obras de recuperación del Teatro Circo de Albacete fueron más laboriosas que la propia edificación de El Escorial. Desde aquella noche del 31 de diciembre de 1985 en que el avisador Miguel echó el cierre metálico de la entrada del vetusto teatro-cine de la calle Isaac Peral, por jubilación del gerente Pepe Olivas, hasta el 9 de septiembre de 2002 en que la Reina lo reinauguró, pasaron casi veinte años. El proceso fue largo, complicado y digno de ser ahora contado en estas líneas que me ofrece Cultural Albacete, lo que agradezco.

Hubo varios protagonistas de su recuperación. Desde los alcaldes Jerez (que lo expropió sin éxito), Belmonte (que lo compró para la ciudad), Garrido (que logró el acuerdo con Fomento y su programa de recuperación de teatros), y especialmente Pérez Castell, el mejor alcalde para mí de la Democracia junto a Salvador Jiménez.

El filósofo alcalde impulsó las obras, aceptó la petición de parar las obras para incorporar la pista de circo y lo llevó hasta su reinauguración. Hubo gestos que entonces no nos gustaron, y que no voy a aquí a enumerar, pero Castell fue el gran protagonista con el pueblo de Albacete de su impulso y apertura como el único teatro circo del siglo XIX operativo en España. Gracias Alcalde.

El dinero lo pusieron las administraciones, pero fue el Pueblo de Albacete, desde el liderazgo apasionado de aquellos Amigos del Teatro Circo que presidí y fundé en 1994 junto al periodista Luis Parreño, quien salvó el Teatro Circo de la piqueta y sobre todo de ser un episodio más, de los muchos de la ciudad, de pérdida irreparable. La movilización de la ciudad en torno al Teatro Circo y su recuperación ha sido un caso único en España, como reconoció el diario El País el día de su reapertura.

Hoy en día nadie duda que la recuperación del Teatro Circo haya sido excepcional. El proyecto de Juan Caballero y Emilio Sánchez devolviendo la fisonomía que tenía el coliseo desde 1887 hasta 1919, fue arriesgado y modélico. Pero no olvidemos que fue muy contestado.

La visión del esqueleto del Teatro Circo con las columnas y arquerías neo árabes en la primera fase de las obras llevaron a muchos, que no entendían nada, a pedir su demolición y construcción de un nuevo auditorio en su lugar o en las afueras. El Alcalde Castell, la Junta y Fomento, junto a los Amigos del Teatro Circo se mantuvieron firmes apoyando el proyecto de estos visionarios y excelentes arquitectos de Albacete, que ya han pasado, por méritos propios, a la historia de la arquitectura europea. Hoy todo el mundo coincide en que el Teatro Circo es una maravilla, pero había que leer entonces editoriales, columnas u opiniones de aquellos que ahora se apuntan a carro ganador.

Pero el valiente proyecto de los arquitectos, sin embargo, cojeaba en un punto. Recuperar la fisonomía que tenía la sala antes de 1919, cuando era teatro y circo, pero no contemplar la recuperación de la pista central circense, era una carencia que podía condicionar el nuevo Teatro Circo.

De ser un teatro bonito y espectacular sin pista de circo, como el de Orihuela o Murcia, a convertirse , como es hoy y gracias a la recuperación de la pista central, en uno de los coliseos teatrales circenses más singulares del mundo. Desde luego, el Circo estable de Albacete reina en España en solitario como el único del siglo XIX con doble capacidad.

Contemos como se fraguó la conversión. Fuimos protagonistas e inductores directos. Las obras se iniciaron en 1999. Ese año, el funambulista Antonio Papadopaulos Vaquero, “Tonito”, primo de la gran trapecista Miss Mara, que había actuado en los circos más importantes del mundo con su espectáculo sobre el alambre como el Ringling, el Price o el de Berlín, recibía el premio nacional del circo.

Días después me reuní en Madrid con el presidente de Amigos del Circo de España, Pedro Rocamora, y el catedrático Juan Felipe Higuera Guimerá. Había que lograr que el Teatro Circo volviera a ser circo. Decidimos llevar a Albacete al gran Tonito y parar literalmente las obras. Allá llegamos y nos pusimos los cascos de la empresa Ferrovial, gracias a su gran delegado Juan Carlos, y entramos con los arquitectos y con el premio nacional de circo Tonito. Vimos las posibilidades de incorporar la pista que le haría singular en el mundo. Cuando los circenses le hablaban a Caballero y Sanchez sobre la pista central no prevista entonces y que pensaran por donde entrarían los caballos y elefantes, cuál sería el peso del escenario para soportar animales pesados, los arquitectos entraron en trance.

Luego nos fuimos a ver a Perez Castell que decidió parar las obras, y solicitar a las otras dos partes implicadas, como Fomento y la Junta, su aprobación para plantear un reformado e incluir la pista.

Y allí se instalaron finalmente las ocho carras de 2000 kilos que sujetaría la pista que se instaló sobre 245 butacas del centro del teatro para representar espectáculos de circo. Tal fue el montaje que un equipo de 12 técnicos se encargaría de desatornillar las butacas, trasladarlas al escenario, bajar al foso, empujar las carras con la pista hasta el patio de butacas, instalarla y, después, bajar las butacas al foso. En total, un día entero para el cambio y 12 trabajadores como mínimo.

Me dio mucha pena que Tonito, fallecido en 2015, ni pudiera ver el Teatro convertido en Circo ni que luego el propio Festival de Circo reconociera aquel gesto generoso de apoyar la vuelta del circo al coliseo de la calle de Isaac Peral. Yo espero que mi amigo Ricardo Beléndez, tan acertado en gestos y eficaz en la gestión del Teatro Circo, encuentre un pequeño sitio para recordarle.

El Teatro Circo de Albacete es hoy una joya mundial de la arquitectura arquitectónica teatral circense del mundo.

Amigos de los Teatros Históricos de España ha inventariado nueve teatros circos operativos en Europa, lo que quiere decir en todo el universo. Y son en Portugal: el Coliseo Dos Recreios de Lisboa, Coliseo de Oporto, y Braga. En Francia, el Cirque D´Hiver de Paris. En Bélgica, el Cirque Royal de Bruselas. En Holanda, el Carré de Amsterdam. En Alemania, el Circo Kronen de Munich. En Suecia, el Teatro Circo de Estocolmo. Y en Rusia, el Circus Theater de San Petesburgo.

En España hay escasas muestras de teatros circos, pero no son operativos como sí es el de Albacete. Ahí están el Teatro Circo de Murcia, el de Orihuela, el Apolo de El Algar en Cartagena, el Marte de la isla de La Palma o el casi ya irreconocible Teatro Circo de Puente Genil (Córdoba).

En las últimas décadas del siglo XIX y en las primeras del XX casi cuarenta ciudades españolas contaban con un teatro-circo. Aunque en nuestro país se levantaron más de sesenta edificaciones de este tipo, tan sólo una ha llegado al siglo XXI, en pleno funcionamiento y con su doble uso: el Teatro-Circo de Albacete.

El de Albacete es además una de las mejores muestras de arte neo nazarí del siglo XIX. Hace un par de años invitamos a nuestro Teatro Circo a la catedrática de árabe de la Universidad Complutense de Madrid, la profesora María Jesús Viguera, quien quedó impresionada del volumen y decoración del edificio de Albacete. La prestigiosa arabista contempló admirada los motivos arquitectónicos y decorativos de las arcadas, los capiteles y los frisos corridos encima de los arcos con caracteres árabes, motivos orientalizantes que se prodigaron con relativa frecuencia en muchos edificios decimonónicos. Ahí estaba reinando en ese siglo el gran Teatro Circo Price de Madrid, derruido en 1972 o el Olympia de Barcelona.

La jaculatoria propia del escudo nazarí “Wa-la galib illa Allah” (No hay más vencedor que Dios), que la vemos inscrita por varias salas de la Alhambra, se va repitiendo a lo largo de las seis arquerías del Circo de Albacete.

Esta leyenda que hoy vemos inscrita en letra cursiva y cúfica en nuestras arquerías, se debe al sultán Muhammad I Al Ahmar (Ibn Ahmar), fundador entrado el siglo XIII del reino nazarí o nasrí, quien tras entrar victorioso por la puerta granadina de Elvira y tras escuchar repetidamente la palabra “victorioso” por el gentío que le aclamaba, él humildemente espetó: “Wa-la galib illa Allah” (No hay más vencedor que Dios), incorporándolo como divisa a su escudo.

En torno a una estructura cubierta y varias pilastras de hierro de la mítica Fundición primitiva valenciana, rematadas en bellos capiteles nazaríes granadinos con arcos decorados con antiguas yeserías de ataurique. Esta decoración que parte del capitel hasta la clave del arco contiene temas vegetales con gran profusión de hojas arqueadas o forzadas en su configuración, y la repetición de la comentada frase “No hay más vencedor que Dios”.

El Teatro-Circo de Albacete se levantó en tan solo unos meses por una sociedad albaceteña de adelantados en el fomento de las artes, tiempo récord para la época. Hasta 1919 conservó su aspecto original de teatro y circo, fecha en que, seguramente por los fríos de la sala y por caer en desuso los espectáculos circense, se adaptó la sala a la italiana con plateas y se cegaron los arcos con una artística y preciosa bóveda a la vez que desaparecía la pista.

El primitivo edificio fue diseñado por el delineante de Obra Públicas Emilio Vergara, mientras que las obras fueron dirigidas por el arquitecto municipal Juan Peyronnet. El aforo de la sala era de 1188 localidades para los espectáculos teatrales, y de 1292 para los circenses. El coste del edificio, incluido el solar donde se asentaba, por cierto terreno de huertas, fue de treinta y ocho mil duros (190.000 pesetas de entonces).

El Teatro Circo se reinauguró en 2002 por la Reina, una placa muy sencilla, lo recuerda. Hubo que esperar unos años para que el Circo volviera al Teatro. Casi noventa años después. Y allí, gracias al magnífico Festival internacional de circo de Albacete, vuelan trapecistas, bailan caballos, pasan por el alambre grandes funambulistas, nos hacen sonreír payasos sin fronteras, orquestas de circo amenizan los números, banderas de muchos países desfilan por la pista recuperada, mientras nos anudamos al cuello las bufandas del festival. El Montecarlo de La Mancha, ni más ni menos….

Es el Festival de Albacete una oportunidad para mostrar al mundo la maravilla de nuestro Teatro Circo. Quién sabe si un día será patrimonio mundial de la humanidad por la UNESCO al confluir en su arquitectura una bien entendida alianza de civilizaciones entre lo occidental y lo oriental. El viejo Albasit siempre fue cruce de caminos y amante del circo, del estable, de los viejos circos de lona, serrín y carromato. Circos Ruso, Atlas, Price, Mejicano, de Francia, Mundial, Quirós o Segura. Plantados casi siempre en los ejidos del edificio ferial. El comienzo de la Feria me lo marcaba la llegada de los circos, y el final, el desmontaje de sus lonas, de su chapiteau.

Solo queda que las instituciones de Albacete sigan apoyando este Festival de Albacete que nos da prestigio en el mundo de la cultura, que es un incentivo de atracción turística y que engrandece nuestro Teatro Circo, orgullo de Albacete.

Hace 130 años, un grupo de albacetenses, adelantados a su tiempo, visionarios del futuro, levantaron un magnífico teatro circo. En 2002, otro grupo de albacetenses logró la recuperación de aquel sueño. Ahora a esta generación le toca consolidar el circo en el teatro y lograr que el coliseo de Albacete sea declarado patrimonio mundial de la humanidad de la UNESCO.

Pasen y vean...

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